Muere Earl Scruggs, maestro del banjo y pionero del bluegrass. Actuación con Bob Dylan en 1970

A la memoria de Earl Scruggs.


Earl Scruggs, maestro del banjo, falleció el pasado miércoles (28 de marzo) a los 88 años en un hospital de Nashville, la cuna de la música country que el incorporó al folk, jazz y blues para crear el bluegrass, del que sería uno de sus legendarios intérpretes. Hijo de una familia media estadounidense, de padre agricultor y músco de banjo, del que aprendió sus primeros acordes, su madre era organista, influencias musicales de las que el joven Scruggs bebió para forjarse su propio estilo, muy popularizado en el mundo country al usar una técnica de tocar el banjo con sólo tres dedos. Sus primeros comienzos los compartió con el guitarrista Lester Flatt, con el que conseguiría introducirse en los ambientes musicales de la época, ocupando un lugar destacado tras la composición del tema Foggy Mountain Breakdown, que fue usada como banda sonora de la película Bonnie and Clyde. El mayor apoyo a su carrera vino dado de la mano de sus dos hijos, Gary y Randy con los que compartiría composiciones materializadas en el álbum The Earl Scruggs Revue (1970).

Su maestría con el banjo no pasaría desapercibida para Bob Dylan. Dias antes de las navidades de 1970, la familia Scruggs y Dylan coinciden en la casa del pintor estadounidense Thomas B. Allen, en Carmel (Nueva York). Allen era muy conocido en los ambientes musicales por ser autor de algunas portadas de discos de músicos de jazz y por haber ido creciendo su interés por el bluegrass, donde conoció a Earl Scruggs. En esta reunión, que dio lugar a la filmación de un documental, que sería emitido en un programa educativo de la televisión pública de Nueva York del 10 al 17 de enero de 1971, Dylan y los Scruggs interpretan las canciones East Virgina Blues y Nashville Skyline Rag, esta última había sido compuesta por Dylan para su álbum Nashville Skyline (1969).


Vídeo perteneciente al documental filmado el 12 de diciembre de 1970
en la casa de Thomas B. Allen, en Carmel (New York)
donde Dylan interpreta con Earl Scruggs y sus hijos Gary y Randy 
el tema del cancionero popular East Virginia Blues.


Escucha aquí la versión de Nashville Skyline Rag con Scruggs y Dylan de las sesiones de la casa de Thomas B. Allen, presentado por el juglar 
en su programa Theme Time Radio Hours

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Chimes of freedom, donde Dylan Thomas inspira al juglar doliente. De Newport'64 a Amnesty'12


Chimes of freedom (Campanas de libertad), un hermoso poema hecho canción en un momento de gran creatividad como la de aquellos días de 1964 cuando se publicó Another side of Bob Dylan, y a los ecos de un concierto, Newport, donde la estrella del folk brilla con luz propia y nos cuenta su rabia en una retahíla de descontentos bajo la inspiración más elocuente de aquel otro bardo, el galés Dylan Thomas, que empapa de su simbolismo y desgarradores requiebros poéticos a un juglar doliente con la injusticia y el infortunio de los más desfavorecidos: destellan por los refugiados en el inerme camino del exilio, por cada mísero soldado perdido en la noche. La protesta revestida de lamento poético, un creador entre sus cuerdas que vibran entonando unos acordes que rasgan la noche. Dylan en su más puro estado poético que nos hace pensar, soñar, ilusionarnos, buscar entre las líneas de su lamento las claves de su poderosa fuerza que nos atrae para enfurecernos, exaltarnos, solidarizarnos: En la fiera tarde gótica la lluvia revelaba historias, para figuras desnudas sin rostro ni lugar, doblaban las campanas por las lenguas con pensamientos sin destino, presas en situaciones asumidas. 

Curiosamente, Chimes of freedom fue interpretada en directo por Dylan antes de ser grabada para el álbum oficial, cuya partitura el juglar ejecutaría solo una vez después de las sesiones de grabación en Newport, luego la guardó incomprensiblemente en el cajón hasta 1987, que reaparece en las giras con Greatefuld Dead y en los Templos en llamas con Tom Petty and the Heartbrokens. La primera actuación de Chimes fue el 14 de mayo en los estudios Didsbury, en Manchester, para una filmación de la ATV, pero no existe por el momento difusión de esta interpretación, siendo su estreno mundial en el Royal Festival Hall londinense el 17 de mayo. Dylan grabaría la canción el 9 de junio en los estudios de Columbia en Nueva York en una maratoniana sesión. En el verano de 1964, bajo la llamada de Newport, Dylan incluye la canción en este concierto convertido en símbolo de la defensa de los derechos civiles, hito que catapultó al juglar como icono de la música folk estadounidense. A lo largo del tiempo, artistas como The Byrds y Bruce Springteens han versionado acertadamente esta canción, contribuyendo a popularizarla.

Tras una esporádica actuación el 17 de enero de 1993 para interpretar la canción en el Lincoln Memorial con motivo de la toma de posesión de Bill Clinton como presidente de EEUU, los ecos de Chimes of Freedom vuelven tras años de luces y sombras en su interpretación de la mano de Amnesty Internacional en 2012, donde una pléyade de artistas se reúnen, bajo el título Chimes of freedom. The songs of Bob Dylan, para versionar canciones del juglar con motivo del cincuenta aniversario de esta organización que, sorprendentemente, coincide con el cincuentenario de la publicación del primer álbum de Dylan. Los cuatro cedés de este proyecto discográfico han sido desigualmente aceptados por el público, de las que destacan, en mi opinión, algunas perlas como New Morning, Drifter's escape, Seven Curses y You're gonna make me lonesome when you go, intepretadas por Darren y Chuck Criss and freelance Whales, Patty Smith, Joan Baez y Miley Cirus, respectivamente.

Actuación de Dylan en Newport 1964 intepretando Chimes of freedom.


Concierto de Amnistía Internacional, 1988. Manolo García, Bruce Springteen
Sting, Peter Gabriel, Youssou N'Dour
 y Tracy Chapman interpretan Chimes of freedom.

Campanas de libertad

Allá entre el final del ocaso y el quebrado toque de la medianoche
nos cobijamos en el portal bajo el fragor de los truenos
Un grandioso arrebato de centellas disparaba sombras al estruendo
como campanas de libertad que destellan
Destellan por los guerreros cuya fuerza no es la lucha,
destellan por los refugiados en el inerme camino del exilio
por cada mísero soldado perdido en la noche
y contemplamos las radiantes campanas de libertad.

En la ciudad fundida, observamos inesperadamente
con rostros ocultos ante muros comprimidos
mientras el eco de las campanas nupciales antes del aguacero
se disolvía en las campanas del relámpago.
Doblaban por el rebelde, doblaban por el crápula,
doblaban por el desdichado, el huérfano y el desvalido,
doblaban por el paria que siempre arde en la hoguera
y contemplamos las radiantes campanas de libertad.

Entre el demente martilleo místico del granito enfurecido,
el cielo maravilló con sus poemas desnudos,
que el son de las campanas aventó con la brisa
dejando las campanas del relámpago y su trueno.
Clamaban por el gentil, clamaban por el afable,
clamaban por los guardianes y defensores de la mente,
por el pintor sin deudas desplazado de su propio tiempo
y contemplamos las radiantes campanas de libertad.

En la fiera tarde gótica la lluvia revelaba historias
para figuras desnudas sin rostro ni lugar,
doblaban por las lenguas con pensamientos sin destino,
presas en situaciones asumidas.
Doblaban por los sordos, los ciegos y los mudos,
doblaban por la madre maltratada y sola, la supuesta prostituta,
por el pequeño foragido, acosado y burlado en la caza
y contemplamos las radiantes campanas de libertad.

Y aunque un blanco telón de nubes fulguraba en la distancia
y el hipnótico rocío de la niebla se iba disipando,
las flechas de luz eléctrica aún caían disparadas sólo
para los condenados a vagar o los forzados a no hacerlo.
Doblaban por los que buscan en sus sendas calladas,
por los amantes de corazón solitario e historia privada,
y por el alma mansa de cada inocente sin justicia encarcelado
y contemplamos las radiantes campanas de libertad

Recuerdo que nos sorprendieron riendo con ojos soñadores
no atrapados por el peso de las horas ya colgadas en suspenso,
escuchábamos por última vez, mirábamos con la última mirada
hechizados, engullidos hasta el tañido final del bronce.
que dobla por los dolientes cuyas heridas no tienen cura,
por los incontables mortificados, ofendidos, perplejos, beodos y aún peor,
por todos los abrumados que pueblan este ancho mundo
y contemplamos las radiantes campanas de libertad.

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Talking too much, el Lp pirata de un proyecto oficial fallido. 'Last thoughts on Woody Guthrie'



Portada de Are you now or have
 you ever been?
finales de la década de los ochenta el sello italiano World Production lanza al mercado Talking too much, una reedición del clásico elepé pirata Are you now or have your ever been?, que desde 1974 circulaba en el mercado negro discográfico estadounidense con una seleccionada, aunque breve, recopilación de temas de los conciertos de abril y octubre de 1963 en el Town Hall y Carnegie Hall neoyorquinos, respectivamente. El título del elepé responde a la disputa que se desató en el seno de Columbia de incorporar o no el poema Last thoughts on Woody Guthrie, que Dylan compone y recita en el Town Hall. La duración del poema, superando los seis minutos, dio al traste con el intento de publicar este proyecto oficialmente, de ahí que la edición pirata reeditada de este disco lleve como título Hablando demasiado, en alusión a este interesante panegírico en tributo al maestro Woody Guthrie, enfermo aquellos días en un hospital de Brooklyn.

Vinilo de color negro en carpeta con portada de un Dylan durante su actuación en el concierto de Bangladesh (1971); contraportada de un paraje desértico, mientras el interior despliega una panorámica del Golden Gate. El último pensamiento de Guthrie fue recitado por el juglar en su concierto del Town Hall, junto con las clásicas Dusty old fairgrounds, John Brown y New Orleans Rag; el resto de canciones: Lay down your weary tune,  Ballad of Hollis Brown, When the ships comes in, Who killed Davey Moore?, Percy's song y Seven Curses pertenecen a su magnífica actuación en el Carnegie Hall. Last thoughts on Woody Guthrie es un hondo poema que desnuda no sólo el fervor que Dylan siente hacia su admirado maestro y la congoja en la que está enredado mientras lo ve consumirse en la cama de un hospital, es una de las más sinceras muestras de sensibilidad que el juglar expresa en unos versos libres donde nos habla de confianza, inseguridad, fortaleza, arraigo y desarraigo, un hombre, una persona en el centro de un mundo en donde igual te sientes libre que atrapado. Al final, te queda la esperanza de que lo verdadero siempre estará a tu alcance en algún lugar:

 Encontrarás a Dios en la iglesia 
que hayas elejido;
encontrarás a Woody Guthrie 
en el Brooklyn State Hospital
Y aunque sea sólo mi opinión
y quizá tenga razón o quizás esté equivocado,
encontrarás a los dos
en el Gran Cañón
al atardecer.


El poema fue publicado por Columbia en el Bootleg Series 1-3 en 1991.


Escucha aquí Last thoughts on Woody Guthrie, recitado por Dylan en su concierto
en el Town Hall de NY en 1963.


Últimos pensamientos sobre Woody Guthrie


Cuando la cabeza te dé vueltas y el cerebro quede insensible,
y creas que eres demasiado viejo, demasiado joven, 
demasiado listo o demasiado tonto,
que te estás quedando atrás, 
perdiendo el paso,
arrastrándote lentamente 
en el agitado curso de la vida,
no importa lo que hagas si empiezas 
dándote por vencido.

Si el vino no llega al borde de tu copa
y el viento te aparta a un lado 
mientras te sujetas con una mano,
y se suelta la otra 
y el sentimiento ha muerto,
y el fuego de tu locomotora 
necesita un nuevo chispazo para encenderse,
y aunque la madera sea fácil de encontrar 
tú no tienes nada que ganar de ir a por ella.
Y tu vereda empieza a dar vueltas 
y tu calle se hace demasiado larga,y
 empiezas a caminar hacia atrás 
aunque te das cuenta que te equivocas.
Y la soledad se eleva mientras el día cae.
Y mañana por la mañana 
parece estar demasiado lejos
y sientes que las riendas de tu caballo
se te escapan.
Y la cuerda se te escurre 
por que tienes las manos húmedas.
Y tu desierto cubierto por el sol 
y tus valles siempre verdes
se vuelven barrios bajos deshechos 
y callejuelas llenas de cubos de basura.
Y tu cielo llora agua 
y tu cañería de desagüe vierte líquido
y el relámpago flamea 
y el trueno restalla.
Y las ventanas tabletean y se rompen 
y los tejados se estremecen.
Y todo tu mundo se cierra con estrépito.
Y tus minutos de sol 
se vuelven horas de tormenta.
Y de vez en cuando te dices a ti mismo
"Nunca supe que fuera a ocurrir así
¿Por qué no me lo dijeron el día que nací?"
Y empiezas a sentir escalofríos 
y a dar saltos por culpa del sudor.
Y estás buscando algo 
que no has encontrado del todo todavía.
Y andas metido hasta la rodilla en agua sucia 
con las manos al aire.
Y todo el mundo te observa 
como si fueran mirones.
Y tu chica te deja, 
se fue volando hace ya tiempo.
Y tu corazón se siente enfermo como un pez 
a punto de ser frito.
Y el martillo perforador se te cae 
de las manos a los pies.
Y lo necesitas de verdad pero está allí en la calle.
Y tu campana suena muy fuerte 
pero no logras escuchar su tañido.
Y piensas que tus oídos quizás estén heridos.
O que tus ojos se han vuelto sucios 
a causa del tenebroso espectáculo.
Y te figuras que fracasaste en la disputa de ayer
cuando fuiste engañado y burlado 
mientras hacías frente a un farol.
Y tú llevabas todo el tiempo tres reinas.
Y eso te vuelve loco, te hace sentir vergüenza.
Como si estuvieras en la página central 
de la revista "Life"
dando saltos alrededor de la maquinita de juego.
Y hay algo en tu mente 
que te gustaría estar diciendo. 
Que alguien en algún lugar 
debería estar escuchando.
Pero sigue atrapado en tu lengua 
y aprisionado en tu cabeza.
Y eso te molesta horrores 
cuando estás tumbado en la cama.
Y por mucho que lo intentas no puedes decirlo.
Y hasta en el alma tienes miedo 
al pensar que podrías olvidarlo.
Y tus ojos nadan por las lágrimas 
que hay en tu cabeza.
Y tus almohadas de plumas se convierten 
en mantas de plomo.
Y la boca del león se abre 
y miras fijamente sus dientes.
Y su mandíbula empieza a cerrarse contigo .
Y estás boca abajo 
y tus manos están atadas a la espalda.
Y desearías no haber seguido 
aquella señal de desvío.
Y te preguntas qué demonios estoy haciendo
en esta carretera por la que voy caminando, 
en esta senda que estoy tomando,
en esta curva que estoy dando,
en este camino que estoy recorriendo, en este sitio que estoy ocupando,
en este aire que estoy respirando.
¿Tan confundido estoy, tan totalmente confundido?
¿Por qué estoy caminando, 
hacia dónde estoy corriendo.
Qué estoy diciendo, que estoy aprendiendo
de esta guitarra que estoy tocando, 
de este banjo que estoy acariciando,
de esta mandolina que estoy rasgueando, 
de esta canción que estoy cantando,
de la melodía que estoy tatareando, 
de las palabras que estoy escribiendo,
de las palabras que estoy pensando,
de este océano de horas 
del que bebo continuamente?
¿A quién estoy ayudando, 
qué estoy destrozando,
qué estoy dando, qué estoy recibiendo?
E intentas con toda el alma
no pensar esos pensamientos 
y no permitir que ganen terreno.
O que hagan que tu corazón 
lata con más fuerza.
Pero tú sabes por qué dan vueltas a tu alrededor
esperando una ocasión para salir y dejarse caer.
Por que a veces los oyes cuando la noche 
se cierne furtivamente.
Y tienes miedo de que puedan sorprenderte
durmiendo
Y saltas de la cama, 
del último capítulo del sueño.
Y no puedes recordar 
por más que lo intentas
si eras tú quien daba gritos en el sueño.
Y sabes que es algo especial 
lo que necesitas
Y te das cuenta de que ninguna droga 
hará nada por aliviarte.
Y que no hay alcohol en la tierra
 que logre que tu cerebro deje de sangrar.
Y necesitas algo especial.
Sí, necesitas algo especial de acuerdo.
Necesitas un tren que vuele rápido 
sobre una vía de tornado.
Para que te lance a algún lugar 
y te traiga de regreso.
Necesitas un ciclón 
sobre la sirena de una máquina de vapor,
que siempre ha estado haciendo ruido 
y tronando y soplando,
que conoce tus problemas más de cien veces.
Necesitas un autobús Greyhound 
que no prohiba raza alguna,
que no se burle de tu aspecto,
de tu voz o tu cara.
Y que cualquiera que sea el número de apuestas.
Siga rodando mucho tiempo 
después de la manía del chicle.
Necesitas que abra una nueva puerta
para mostrarte algo que ya has visto antes
pero que pasaste por alto unas cien veces, 
quizás más.
Necesitas algo que te abra los ojos.
Necesitas algo que te haga comprender
que eres tú y nadie más el dueño
del sitio que ocupas,
del lugar en que estás sentado.
Que el mundo no te tiene vencido,
que no te tiene derrotado.
No puede volverte loco, no importa 
cuántas veces puedas ser maltratado.
Necesitas algo especial, de acuerdo.
Necesitas algo especial que te dé esperanza,
aunque esperanza sea sólo una palabra
que quizás dijiste o quizás oíste
en el rincón de alguna curva 
muy abierta.
Pero eso es lo que necesitas 
y lo necesitas de verdad, amigo.
Y tu problema es que lo sabes demasiado bien
por que empiezas a sentir escalofríos.
Porque no puedes encontrarlo 
en un billete de dólar.
Y no se encuentra 
en el antepecho de la ventana de Mary.
Y no se encuentra 
en el mapa de carreteras para niños ricos.
Y no se encuentra 
en el club de estudiantes para niños ricos.
Y no se saca 
de ninguna semilla de trigo de Hollywood.
Y no se encuentra 
en ese escenario de débil iluminación,
con esos comediantes medio tontos encaramados en él declamando a gritos 
y desvariando y llevándose tu dinero.
Y piensas que es divertido.
No, no puedes encontrarlo en ningún 
club nocturno o club náutico.
Y no se encuentra 
en los sillones de ningún club de lujo.
Y tan seguro como que existe el infierno te dirás
que por mucho que frotes
no lo encontrarás en el resguardo del billete.
No, no está en los chismes 
que la gente te está contando.
Y no está en la loción contra granos 
que la gente está vendiéndote.
Y no está en ninguna casa 
hecha con una caja de cartón.
O bajo la blusa de ninguna estrella de cine.
Y no puedes hallarlo en el campo de golf.
Y el tío Remus no puede decírtelo 
y tampoco Santa Claus.
Y no está en el peinado de crema 
o en los vestidos de algodón dulce.
Y no está en los maniquíes de los almacenes baratos ni en los comics de los chicles.
Y no está en los ruidos de malvavisco 
de las voces de pastel de chocolate
que vienen llamando y golpeando 
en la envoltura navideña
diciendo: ¿no soy guapo, no soy lindo?, 
y mira mi piel,
mira el brillo de mi piel, 
mira el resplandor de mi piel,
mira la risa de mi piel, mira el llanto de mi piel.
Cuando ni siquiera puedes sentir 
si tiene entrañas.
Esa gente tan hermosa, con sus cintas 
y sus lazos.
No, ni hoy ni ningún otro día
lo encontrarás en los umbrales 
hechos de papel maché.
Ni en la gente de dentro hecha de melaza
que cada dos días compra 
un nuevo par de gafas de sol.
Y que no está en los generales de cincuenta estrellas ni en los farsantes
que te denunciarían 
por la décima parte de un penique.
Que respiran y eructan y se encorvan 
y se rompen.
Y antes de que puedas contar hasta diez
lo harán otra vez 
pero a tus espaldas en esta ocasión,
amigo mío.
Los que giran y reparten y dan vueltas 
y se mueven rápidamente
y que juegan con todos en su mundo
de caja de arena.
Y no puedes encontrarlo en los tontos sin talento
que están a tu alrededor adulando
y que hacen las leyes para los que tienen talento.
Y no está en los que no tienen talento 
y creen que lo tienen
y piensan que te están engañando.
Los que saltan al furgón
durante un rato porque saben que está de moda
correr una aventura, salir pitando de ahí
y hacer toda clase de dinero y chicas.
Y te gritas a ti mismo 
y arrojas el sombrero
diciendo: ¿tengo que ser de esta manera?
¿no hay nadie aquí que sepa de qué voy yo?
¿no hay nadie aquí que sepa cómo me siento?
Dios Todopoderoso
NADA DE ESTO ES REAL


No, pero ése no es tu juego, ni siquiera tu estilo.
No puedes oír tu nombre, 
no puedes ver tu cara.
Tienes que mirar a otro lado
y ¿dónde buscas 
esa esperanza?
¿Dónde buscas esa vela que brilla?
¿Dónde buscas ese petróleo 
que mana a borbotones?
¿Dónde buscas esa vela que brilla?
¿Dónde buscas esa esperanza 
que sabes que está allí
y fuera de allí en algún otro lugar?
Y tus pies sólo pueden caminar 
por dos clases de carretera.
Tus ojos sólo pueden mirar 
por dos clases de ventanas.
Tu nariz sólo puede oler 
dos clases de vestíbulos
y puedes tocar y dar vueltas.
Y girar dos clases de picaportes
Tu puedes ir a la iglesia que se te antoje,
o puedes ir al Brooklyn State Hospital.
Encontrarás a Dios en la iglesia 
que hayas elejido;
encontrarás a Woody Guthrie 
en el Brooklyn State Hospital


Y aunque sea sólo mi opinión
y quizá tenga razón o quizás esté equivocado,
encontrarás a los dos
en el Gran Cañón
al atardecer.

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Coleccionistas de vinilos y cómics se reúnen en Córdoba en torno a la 23ª feria internacional


Poster de la 23ª Feria
Vinilos y cómics reunieron ayer (domingo 18 de marzo) a centenares de personas que nos acercamos a los expositores montados en un amplio salón del Hotel Center donde a las once de la mañana abrió sus puertas la veintitrés edición de la Feria Internacional del Disco, que tiene en Córdoba su cita anual para satisfacer la curiosidad y endorfinas de los coleccionistas del siempre interesante, sorprendente y nostálgico fondo de catálogo con elepés y sencillos como grandes protagonistas. Se trataba de una buena oportunidad para hacerse con ese treinta y tres revoluciones descatalogado, con el importado que trae novedad y rareza y esos otros que perdimos en un descuido o en una mudanza. En la mente de cada cual estaba el elepé insignia de esta búsqueda, en mi caso eran varios y para los que había roto la hucha, todos ellos de Bob Dylan, aunque en la libreta llevaba anotados algunos de Pink Floid, Neil Young, Eric Clapton y Joan Baez.

Siguiendo la costumbre echamos un vistazo a los expositores para comprobar precios y calidad de los vinilos, ya que la mayoría son de segunda o tercera mano, y del estado de los surcos y la carpeta reside parte fundamental de su tasación. De esta guisa me hice con los elepés dylanianos World gone wrong (no sé el original, pero este vinilo es de color azul), Selfportrait (perdido en la última mudanza), el pirata Cash/Dylan Songs from the real America (importado desde Luxemburgo) y la joya del día, el Times out of mind, de primera mano, en una espléndida y cuidada edición, con dos vinilos de 180 gramos y unas carpetas asombrosas. La cara B de este segundo disco está dedicada completamente a la sinfónica Highlands, que recuerda por la forma en que ha sido editada a Sad eyed lady of the lowlands, del Blonde on Blonde. Compré el elepé a Nakasha, de Toledo, de donde se trasladó para esta feria y con el que quedé en compartir información por internet (intercambiamos nuestros blogs), así como la posibilidad de disponer por correo electrónico de un exhaustivo y actualizado catálogo discográfico en vinilo sobre Dylan. Fantástico.

Elepé de Jonny Cash y Bob Dylan (arriba) editado en Luxemburgo; abajo, las dos carpetas que contienen los vinilos de esa gran obra maestra de Dylan que es Time out of mind (1997).
No descubrimos nada nuevo en el álbum Songs from the real America que no hayamos escuchado en cintas piratas como The Dylan-Cash sessions o la más completa Land of the free home of the brave, correspondientes a la cuarta y quinta sesiones de grabación (17 y 18 de febrero de 1969) del álbum oficial Nashville Skyline, de las que se extraen como botones de muestra de un intento discográfico que no cuajó pero que, gracias a estas ediciones piratas, hoy las podemos disfrutar en varios formatos, siendo éste a 33 revoluciones el que más me inspira. El elepé está editado en Luxemburgo, como muchos otros que nos encontraremos en ediciones raras, por el sello Genuine swingin' pig records. Compré este disco, así como el World gone wrong y el Selfportrait a Otmar, un inglés afincado en Estepona, que ofertaba una variada discografía del pop y rock a precios increíbles. Dylan, imbuido por la fuerza musical de Jonny Cash, se adentra en el tradicional mundo del country, y estos dos minutos de Good ol' moutain dew enganchan.


Una mañana, la de ayer, que se pasó en un soplo después de contemplar disco a disco generaciones de artistas del fok, pop y rock en su más genuino formato, el del vinilo, el intemporal, el que día a día, de una manera silenciosa y por derecho, se va imponiendo en el mundo de la música actual. Admirar una portada, abrir la carpeta y pinchar el disco en el plato te traslada a otro mundo, no importan las impurezas por el estado de los surcos, estamos ante lo más sublime de la música y el arte.

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Youngstown 92, un gran concierto y una versión inédita de la canción minera Farewell to the gold





El genio se liberó de su lámpara carcelera, subió al escenario, se cruzó por los hombros la bandolera alineada con su Gibson de seis cuerdas, acopló la armónica al soporte alrededor de su cuello y fraseando a un micrófono empezó a contarnos historias de hoy, de ayer, de otros tiempos, galopando una impresionante versión de un clásico de Mckinley Morganfield en clave rock, bien arropado por su banda, I can't be satisfied que Nice Jones popularizaría. Y de esta guisa, con una inmejorable presentación, Dylan arranca un formidable concierto sobre el escenario del Stanbaugh Auditorium de Yougnstown (Ohio) aquella noche del dos de noviembre de 1992 con las estrellas de su parte y para suerte de quienes pudieron disfrutarlo en directo. Desde Luxemburgo nos llega esta copia pirata con el título de Himself con un excelente sonido de la mesa de mezclas para contentarnos veinte años después. En la legendaria Yougnstown, tierra de carboneros y emigrantes europeos, Dylan interpretará por primera y única vez hasta ahora el lamento minero al que Paul Metsers puso letra y música, algunos la llaman The miner's song (la canción del minero); otros, simplemente, Farewell to the gold, un diamante que nos traslada a la Nueva Zelanda de 1893 cuando una repentina inundación se cobró la vida de cientos de buscadores de oro en el río Shotover.

Farewell of the gold.


En una acertada secuencia de canciones con varios espacios acústicos ejecutados con gran maestría, Dylan llega a Youngstown después de un mes rodando por carreteras estadounidenses en esta gira de otoño de la Never Ending Tour, donde se aprecia la conjunción endiablada del músico con su banda. Si buenos son los arreglos, espectaculares irradian los solos instrumentales, sean éstos en clave de rock o acústicos. Precisamente estos últimos son los que el juglar borda sutílmente, recien salido como viene de haber grabado en 1992 su álbum acústico Good as I been to you, con material del cancionero tradicional. Mr. Tamborine man es una muestra de este buen hacer de Dylan en Youngstown, un concierto donde los acordes acústicos son puro arte en Gates of Eden, Mama you've been on my mind, Boots of Spanish Leather, The times they are a changing (con banda) y un final apoteósico con It ain't me babe, cuya grabación, lamentablemente, se enturbia por problemas técnicos a la mitad de la interpretación.

En Mr. Tamborine man, Dylan crea una atmósfera de complicidad con el público sorprendente, guitarra y armónica en una sintonía creativa de gran pureza y espontaneidad, donde el contrabajo de Tony Garnier marca discretamente el ritmo cadencial de la melodía, el poeta se muestra majestuoso en los silencios, cuando los instrumentos hablan, modulan, desgarran la noche... 

Mr. Tamborine man.

El concierto tiene varios momentos que superan las predicciones. Dylan llega con arreglos interesantes en temas como I and I y Maggie's Farm que no dejan indiferente a la parroquia, mientras All along the wachtower y Silvio son interpretaciones lineales que apenas suscitan originalidad, aunque están bien tratados. Otra cosa es Unbelievable, que irrumpe con una fuerza sorprendente y cuyos arreglos dicen mucho de este tema que quizá pasara desapercibido en Under the red sky, si bien sobrevive pese al ínfame vídeo que a propósito se grabó para publicitar la canción. If not for you, interpretada en segundo lugar es bien recibida, tanto como, en mi opinión, agradable y sumamente prodigioso suena el eterno blues por donde se desliza It takes a lot to laught. Del cancionero tradicional, Dylan rescata además I've been all around this world, un tema acústico con banda que serena los ánimos despues de Unbelievable, la canción sólo se interpretó en este concierto y con anterioridad en Springfield el 28 de octubre. Deja el juglar para el final la adorable Shooting star y la divertida Rainy day women para mayor lucimiento de la banda.

Maggie's farm




Farewell to the gold (Adiós al oro)

Shotover River, el oro se acaba; 
Es el color que nos deslumbra. 
Pero no sirve de nada, simplemente sentarse y culpar a la diosa Fortuna, 
Así que me largo.

Adiós al oro que nunca encontré, 
Adiós a las pepitas de oro que en algún lugar abundan; 
Porque sólo cuando sueño veo su brillo
Abajo, en el subterráneo oscuro y profundo

Bueno, han pasado dos años que dejé a mi anciana madre 
Para adentrarme en la aventura del oro, 
Con Jimmy, el mejor buscador 
Por los cerros de Otago.

Hemos trabajado el valle del Cardrona, 
el viejo Jimmy Williams y yo. 
en la mejor tierra del Shotover 
Así que nos dirigimos hacia allí para comprobarlo.

Hemos trabajado duro día a día, 
hacia lo suficiente para sobrevivir; 
Hasta que una terrible inundación barrió al pobre Jimmy 
Durante seis días de tormenta en julio.

Pie de foto: Fotografías del concierto por Darren Pierce.

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Este es un blog de información y divulgación de la música, la literatura y otras expresiones artísticas de Bob Dylan. Fue creado el 15 de enero de 2009, sin ánimo de lucro, con el fin de que la obra de este artista estadounidense sea conocida por las nuevas generaciones.

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